jueves, 1 de agosto de 2013

Un año ya viviendo la vida de distinta manera


velita primer aniversario

Hoy hace un año, a estas horas, más o menos, estaba yo en correos, con mi amiga Marimar, que ni remotamente pensaba dejarme que pasara sola ese trago, recogiendo el burofax mediante el cual la bonita Iberia, donde llevaba trabajando 34 años y medio, me despedía disciplinariamente.

¡Qué pozo sin fondo son los despidos disciplinarios, sobre todo en los tiempos que corren! Ojalá no os toque a ninguno, porque cualquier causa es buena para que la empresa te despida de esa forma -aún cuando sea tan nimia, risible y peregrina como la que alegó en el mío- sin indemnización ni nada ¡ale, papelito y a la calle! y luego, como la llevas a juicio, siempre tiene el 50% de posibilidades de que le vaya bien, porque aunque sea la empresa la que tiene que probar que la causa del despido es real y ha sucedido, lo cierto es que para despedirte alegan una causa X que contraviene un punto del Convenio o del Reglamento Interno de Sanciones y como cada convenio es un mundo, la difícil misión de tu abogado es dejarle claro y meridiano ese convenio tuyo (en todos los puntos que pueda afectarte) a un juez que es la primera vez que tiene contacto con esa reglamentación y que, al acabar el juicio, debe tener la sensación de saberlo todo de ella.
En mi caso, después de 34 años de trabajo de expediente impoluto, y por la la nimiedad que alegaron, estaba claro que iban a perder el juicio y el despido iba a ser considerado improcedente, ya se lo avisó la juez -que no necesitó saber nada del Convenio- antes de dar comienzo al juicio cuando dijo aquello de: ¿Pero a ustedes no les parece una barbaridad despedir a una persona que lleva tantos años en la empresa por la causa que alegan? y se empeñó lo que pudo y lo que no para que llegáramos a un acuerdo, pero la empresa se negó en rotundo porque lo cierto es que, aún pagando la indemnización por improcedente, se ahorraba tooodo lo que le quedaba pagarme el resto de mi vida laboral y salía ganando pero de largo. Vamos, tanto salía ganando, que ni recurrió la sentencia.
La "suerte" es que desde que empezamos a olernos la jugada me dio algo de tiempo de ir haciendo cuentas, buscarme un buen abogado -para mí, el mejor del mundo, ¡gracias Miguel!- hablarlo con mis hijos y tirar p'alante, porque lo que está claro es que si tu empresa se empeña en prescindir de ti, podrás capear un temporal, pero no muchos más. El que la sigue la consigue y a ellos no les representa ningún riesgo.

Te advierto que con esta entrada solo te vas a enterar un poco más de mi vida, así que, sabiendo eso, si quieres puedes...

Hoy día, gracias a Internet, puedes consultar cómo proceder en cualquier situación anómala o inesperada en la que te encuentres. No tienes más que teclear en Google: Qué hacer en caso de despido y la gran mayoría de tus dudas se despejan.
Por cierto, dos buenas webs son:
Guía: Qué hacer en caso de despido (invertia.com)
Qué hacer cuando te despidan (blog laboro-spain)

Pero lo abrumador del proceso no te lo quita nadie:
La espera para el Acto de Conciliación, un trámite burocrático que me da a mí que sólo sirve para "despidos pactados" pero que es obligatorio, y un mal trago, porque te vuelves a ver cara a cara con la persona que te ha dado la patada.
La cita en la Oficina de Empleo que, cuando has llevado toda la vida trabajando, te parece irreal estar allí dando tus datos y resumiendo tu curriculum al empleado. Estás como si no fueras tú. Esto no me está pasando realmente.Y luego está la espera del juicio. Muuuuchos días para hacer números y más números contando todas las posibles variables que pueden resultar de ese juicio. Muchas horas de romperte la cabeza pensando cómo puedes encaminar a tu abogado, que no ha visto tu Convenio hasta que tú se lo proporcionaste, para que se le encienda la chispa y dé con la línea de defensa que va a hacer que el juez declare que tu despido es improcedente y, por tanto, la empresa tenga que indemnizarte.

Por suerte los amigos, en estos casos, renacen, como las setas tras la lluvia de primavera, y además de estar a todas horas ahí contigo para que no desanimes, desde donde menos te lo esperas te echan una mano. Uno que conoce a uno, otro que conoce a otra, y se te van aligerando los trámites -miles de gracias ;-) Diego-.
En una situación inesperada y anómala como ésta eres como un buscador de oro cerniendo su cedazo. Nunca sabes qué, o en este caso a quién, vas a encontrar en él. Lo mismo te llevas la agradable sorpresa de ese apoyo moral que te brinda la gente más allá de lo que tú esperas, aún a riesgo de que en el trabajo les tomen entre ceja y ceja, como le pasó a mi compi Susana -gracias, gracias, guapísima, por tu actitud- que se puso de mi parte y le hicieron sufrir las de Caín. Y "mis niñas" de Iberia, "las mejores de lo mejor": Ana, Emi, Estrella, Marijó, Marimar, Soco (por orden alfabético, eh) que estaban ahí, todos los días a todas horas, animándome. Y otros compañeros y asimilados como Nacho, Manolo, Anita, Sonso, los dos Pepes, el dueño del catering y el dueño de la empresa de autobuses... Y también mis pilotos y mis azafatas favoritos: Manolo, Nico, las dos Alicias, Mercedes, que nada más enterarse ya estaban llamándome y dándome sus teléfonos por lo que los pudiera necesitar. Jordi, mi antiguo Jefe de Escala, al que la empresa quiso llevar como testigo al juicio y les dijo que él no iba a mentir, y no entró a la sala del juicio. Y los familiares y amigos de toda la vida, los que se cuentan con los dedos de la mano, esos todos también a pie de cañón sin faltar ni un momento.

Y luego están los otros: "Los malos", los que no merece la pena nombrar por su nombre porque se han escurrido por los agujeros del cedazo, y acabas comprendiendo que su amistad no era lo que tú pensabas que era, sino algo mucho más insignificante. Los que jamás en la vida te esperarías que te dieran la espalda, como ese supuesto "buen amigo" que después de treinta y seis años de muchos buenos momentos y algunos malos en los que yo sí estuve ahí para apoyarlo, decidió no sé si posicionarse en el otro lado o mantenerse neutral, pero no de mi parte. O los miembros del Comité de Empresa que fueron los que iniciaron el proceso, supuestamente solo para que dejara el cargo de Jefe de Servicio pero que, a pesar de ver que su treta se les había ido de las manos y acabó en despido, no se negaron a la petición de la empresa de ir al juicio a testificar en mi contra. Por suerte, su testimonio tuvo el efecto contrario y fue de lo más beneficioso, porque según mi abogado, a los jueces no les gusta que los sindicatos, que están para apoyar y ayudar al trabajador, declaren en su contra, porque en eso solo deja entrever algo oscuro cociéndose en la trastienda entre sindicatos y empresa.

El caso es que el 1 de agosto de 2012 sobre las 10:10 de la mañana (bonita hora: La hora de los relojes) estábamos Marimar y yo en Correos recogiendo mi burofax, para que luego fuera una hora buena para desayunar y pasar así el mal trago ;-)

Mi vida ha cambiado desde entonces -no al cien por cien pero casi- y lo único que ha hecho es mejorar.
Es cierto que los primeros meses, hasta el juicio, se pasa mucha angustia, porque siempre hay un 50% de posibilidades de perderlo y, a mi edad, tenía que contar en depender exclusivamente de mis ahorros hasta llegar a los 65, porque lo de encontrar trabajo es complicado. Ya me lo dijo el empleado del SAE (Servicio Andaluz de Empleo) cuando le comenté que yo estaba esperando el juicio y si me encontraban otro trabajo pues no sabía en qué situación me quedaba: No se preocupe, señora que no le vamos a llamar. Con su edad y con la cantidad de gente más joven que tenemos inscrita, es muy difícil que le llamemos.

Y yo le hice caso y no me preocupé, porque por suerte para mí, en los últimos años he sido bastante hormiguita y aunque el juicio saliera mal, entre mis ahorros y la voluntad de mis hijos, íbamos a salir adelante, pero como luego el juicio salió muy bien para mí, con la indemnización llego a la jubilación siendo "mileurista+IVA" y no sabéis la paz y la tranquilidad con las que vivo ahora.

Después del juicio, me encontraba gente que hacía tiempo que no veía y me decían ¡Marga, qué bien te veo. Algo bueno te ha pasado! y cuando les contaba que lo bueno que me había pasado es que me habían despedido se quedaban todos con la cara a cuadros.

En principio, mi memoria ha mejorado al menos un 50%. Eso de no tener en mente las mil y una siglas que necesitamos todos los días para el trabajo en una línea aérea, deja espacio para que se fijen otros muchos datos. Se acabó eso de estar haciendo algo, que te interrumpan, y quedarte en mitad de la oficina mirando a Estrella con cara de ¿pofabó? y ella, que era mi bola de cristal parlante: Estabas buscando... Ibas a llamar... ;-) No me extrañaría que también haya mejorado su memoria, porque eso de no tener que llevar la cuenta de sus actividades y las mías a la vez, debe ser un descanso mental importante. Ayyy Estrelli ¡no me digas que no me echas de menos y que no te has quedado tú también en la gloria! :-D

Y una cosa muy curiosa es que empiezas a vivir la vida a ralentí.
Cuando nos mudamos a Granada desde Barcelona, era gracioso ver cómo iba yo por la calle, escopeteá en comparación al resto de la gente. Salíamos a dar una vuelta los amigos y yo iba al doble de velocidad que ellos ¡¿Pero adónde vas... Es que quieres llegar a La Caleta?! (La Caleta, desde mi casa, era la otra punta de Graná) Y es que, como las distancias en Barcelona son mucho mayores, a la velocidad de paseo en Granada no hubieras llegado a la esquina de tu calle (un poco exagerado, pero me entendéis). Pues ahora me sucede algo similar pero al contrario: Como tengo todas las horas para mí y no tengo que controlar el reloj ni acomodar horarios de comida o de salida con respecto a horarios de trabajo, las horas se me expanden. Salgo a "comprar" al centro y ni miro el reloj. Que se me dan las dos de la tarde y aún tengo que volver y la comida sin hacer... Pues ya comeremos a las tres... O a las tres y media. Que hoy no me apetece salir al super porque hace una calorina que ni te cuento... Pues ya iré mañana... O pasado.

Ahora, como ya no tengo el problema de tener que mirar el planning para quedar con los amigos, los veo con más frecuencia. He recuperado los paseos con mi amiga Marimar -que sí tiene que mirar el planning (a Dios gracias, también os lo digo)- y como ya os conté, de vez en cuando, en lugar de aprovechar para hacer recados pendientes, nos marcamos un "los lunes al sol" la mar de agradable en los bancos del bulevar.
El dolce far niente.

Estoy disfrutando de mis hijos lo más grande, que me he perdido toda su infancia por la mierda de trabajo que tenía. Que mi trabajo no eran ocho horas y a casa. Que ha habido épocas, como el año que se cerró Barajas por las nevadas en enero, o el año de la huelga de pilotos, que trabajaba dieciseis horas al día, y al día siguiente otras dieciséis o diecisiete, y cinco días más que se encartaran, eso si no tenía que trabajar en mis días libres y luego recuperarlos cuando se pudiera. Y en circunstancias normales levantándote a las cinco de la mañana, que aunque salgas a las tres, entre que llegas y te recuperas del madrugón, se te ha ido el día. Y librando un solo fin de semana al mes, o sea que tus hijos en casa sin cole y tú en el trabajo, o un martes y un miércoles, al contrario, tú en casa (preparando comidas para varios días) y tus hijos en el cole.

Mi médica debe estar contentísima, porque quitando las goteras puntuales que tenemos todos a cierta edad, mi salud ha mejorado muchísimo. Por no tener, este año ni he tenido síntomas de alergia, con lo que yo sufría la polinización del olivo, que en junio tenía que quedarme una semana en casa sin salir, hasta que me bajara el nivel de alergenos en el organismo.

Y eso de tener nueve horas más al día para hacer lo que más te gusta, como leer, ver mis series favoritas, trastear con el ordenador, hacer tonterías de ganchillo o soltaros todos estos rollos que os suelto en este blog ;-) no tiene precio.

En fin, que estoy en la gloria. Como me dijo uno de los responsables del Sindicato en el Sector Aéreo el día que les comuniqué que había ganado el juicio: Marga, te ha tocado la lotería. ¡Y anda qué no!
Eso sí, aún me paso algunas noches haciendo números. Aunque siempre sean los mismos. Y es que los seres humanos somos así. Supongo que queremos reafirmarnos en nuestra seguridad y le damos vueltas a lo que ya no podemos darle más porque está todo dicho o calculado... Bueno, y también porque el gobierno se empeña en cambiarme las normativas referentes a jubilación, cotización y demás cada tres meses :-O
Por lo demás... Feliz como una perdiz.
Y quería compartirlo con vosotros, que sois parte de esa felicidad.
♥ ♥ ♥

4 comentarios :

  1. Pues estoy muy de acuerdo con el responsable del Sindicato... "Te tocó la lotería". Porque visto lo visto, de la situación de tu ex-empresa, la verdad, te has ahorrado un montón de preocupaciones. Y al final, pues tu "colchón" está muy bien, porque te puedes apañar, que es lo importante. Tienes unos hijos que más de uno quisieran, que comprenden y ayudan mucho en ese aspecto (el económico). Y tu, eres una gran administradora, así que.... A VIVIR!!
    Yo no recuerdo con mucho agrado esos días. Aquella llamada un viernes en pleno mercadillo... Pufff, aquel fin de semana... Momentos en los que la realidad supera la ficción, y no sabes ni lo que decir para ayudar. No te crees lo que está pasando.
    Gracias a Dios, un año después, te vemos feliz, tranquila, y eso es lo que cuenta. Supongo que no ha sido fácil asimilar, y mucho menos pasar por el juicio, pero.... El pasado hay que dejarlo atrás. Así que lo único que resta, es darte la enhorabuena por haber gestionado así una situación tan complicada y estar, como tu dices, feliz como una perdiz!
    FELIZ ANIVERSARIO ♥♥♥

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    Respuestas
    1. Ufff, sí. A ti te tocó lo peor: Justo el momento de la confirmación de lo inevitable.
      Estaba yo más tranquila que tú. Claro que yo ya llevaba tiempo y tiempo barajando esa posibilidad y dándole vueltas.
      Te di uno de los disgustos de tu vida (bueno, yo no, la Iberia) pero me vino muy bien que me pillara en tu casa, porque tu apoyo en esos primeros momentos fue vital.
      Ya entonces te dí las gracias. Luego, mentalmente te las he dado más de una vez. Ahora vuelvo a hacerlo: Muchas gracias, por lo de entonces, por lo de después y por lo de ahora.
      Te quiero mucho sister ♥

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    2. Ojalá no hubiésemos pasado por esos momentos, pero ya te digo, hoy por hoy, me alegro de tu nueva situación...
      Y por el resto, pues... no hay que dar las gracias, ya lo sabes.
      Y paro, que lloro, jejejeje.
      Yo también te quiero mucho sister ♥

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  2. Poco más que decir pues lo habeis dicho todo. Quizás como anécdota que a mi tu llamada me pillo regresando de Sevilla de una manifestación de Bomberos; Policias; Militares, etc... y cuando se lo cometé a mis compis se quedaron de piedra...como yo.
    En cualquier caso, a toro pasado, felicidades!!!!

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