Antes que nada, tengo que confesaros que yo practico el
relaxing cup of café con leche todas las tardes en mi sofá mientras veo alguno de los capítulos que tengo pendientes de las series que me gustan o simplemente me hago varios sudokus en el móvil, así que estoy pensando seriamente en comprarme una de las tazas que unas espabiladas valencianas ya han sacado a la venta en la página
A cup of café con leche con la memorable frase de la inefable
Ana Botella (y como lo del
sofá in my hous lo tengo ya claro, estoy esperando que empiecen a vender el modelo olímpico).
Uno de los principales obstáculos que tenemos los españoles en el aprendizaje de otro idioma es un desafortunado sentido de la vergüenza que nos impide lanzarnos a entablar una conversación, aunque cometamos errores, para mejorar con la práctica.
Ana Botella decidió salvar ese obstáculo en el momento más inapropiado. Podía haber hecho su discurso en español, que para eso es la cuarta lengua más hablada en el mundo (la segunda más extendida fuera de su pais de origen), y que los traductores se ganaran el pan y los pinganillos echaran humo, pero no lo hizo y por eso llevamos medio mes de septiembre entre divertidos y cabreados por la vergüenza ajena que la buena mujer nos hizo pasar.
Los españoles somos bastante dejados en el aprendizaje de idiomas. Vale, estoy generalizando, porque convendréis conmigo que la inmensa mayoría de nosotros no habla un segundo idioma o lo habla poco y mal, y éste es uno de los casos en que se puede generalizar sin temor a que te rebatan el argumento. Sin embargo en otros países, hablar correctamente dos idiomas es común.
Una persona es
bilingüe si habla correctamente dos idiomas,
trilingüe si habla tres y
políglota cuando maneja cuatro o cinco.
Un
hiperpolíglota es aquella persona que habla con fluidez más de seis idiomas y no hay muchas personas que tengan esa habilidad en el mundo. Por eso se me ha ocurrido traeros algo digno de verse, o en este caso, de oirse.