Ayer leí en la prensa que el escritor Antonio Muñoz Molina ha sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Letras y eso me trajo un montón de recuerdos.
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Muñoz Molina vivió en Granada una temporada y sé que hizo colaboraciones para el Ideal, pero aunque yo por aquel entonces tenía amigos que también trabajaban allí y de vez en cuando compartía alguna de sus tertulias y salidas en grupo, nunca había coincidido con él hasta que comenzó a viajar en avión hacia Madrid.
Eran tiempos en los que el aeropuerto de Granada era tan pequeño que todos, empleados y también clientes, éramos como una familia. En la facturación entablábamos un diálogo que iba bastante más allá de lo que se espera del trato esporádico, frío y comercial, entre pasajeros y empleados de una línea aérea. Según la asiduidad del pasajero teníamos una relación bastante cálida y cordial y en bastantes ocasiones "nos contábamos nuestra vida" sin el menor recato.
